Ciertamente era un monte la colina
y, aunque conozco un camino directo
que facilita bastante su ascenso,
zigzagueo en busca de su cima.
Porque se cruzan mil alternativas
que tomo queriéndolas sin quererlo
y que pesan mucho más que el esfuerzo,
porque, ah… la culpa te paraliza.
Ahí, alzar la mirada hacia arriba
para volverla después hacia atrás
te saca incluso una media sonrisa.
Ni era tan grave como parecía
no estás tan lejos para retomar
la senda recta de la disciplina.