En un duro enfrentamiento
ando batiéndome en duelo
contra la furia del cielo
y su feroz movimiento.
Casi caigo en el intento,
casi me alza en alto vuelo,
y es que voy mirando al suelo
combatiendo a este elemento.
Si ante Felipe II
descubría el mundo
que su Armada era vencible,
mi esperanza no es mayor
de imponerme ante el furor
de este látigo invisible.