Si cuando yo era pequeño
hubiera visto al pregonero
de las fiestas de Mirabueno,
¿habría podido creerlo?
No hay sitio en estos versos,
para el orgullo que siento;
tampoco cabe en mi pecho
tantísimo agradecimiento;
pero siempre tendrá un hueco
en mis más preciados recuerdos.
Os dejo aquí mi discurso, que seguro que os sorprende la increíble historia de este precioso pueblo de mi provincia:
«¡Buenas noches! Un pregón no va de quien lo da, sino de quienes lo escuchan, pero confieso que abrir hoy estas fiestas es uno de los mayores honores que jamás se me han hecho, y os estoy profundamente agradecido.
Fijaos si Ángel es previsor que me invitó a venir ya en Navidades. Su propuesta me llenó de orgullo, pero no pude evitar preguntarle si no habría alguien más adecuado que este chiquillo para ser vuestro pregonero. Solo leyendo sobre la historia de Mirabueno he comenzado a entenderle.
Cuenta la leyenda, que seguro que conocéis, pero que siempre es bonito recordar, que fue una chiquilla que tampoco era de aquí, sino de Mandayona, la que dio su nombre a este pueblo. No era de aquí porque no podía ser de aquí: Mirabueno inició su historia gracias a ella, que encontró en una encina una paloma que tenía un aura especial, de modo que la cogió para enseñársela tanto al cura de su pueblo como a su hermano, llamado Bueno. De ahí surgen estos versos:
“Como la niña fue y dijo
«mira, Bueno», al hablar,
Mirabueno aquel pueblo
por ello se fue a llamar.”
Sin embargo, para su sorpresa, la paloma había desaparecido de su zurrón, así que la buscaron por todas partes hasta hallarla de nuevo en la encina. La tomaron una vez más para ir a enseñársela a sus padres, pero volvió a desaparecer, retornando a la encina.
Sorprendidos, llevaron hasta allí al cura del pueblo, que no había creído a la chiquilla en las dos primeras ocasiones y que, arrepentido, acabó comprobando que esa paloma tan especial era en realidad una imagen de la propia Virgen. Así pues, se decidió construir en el lugar de aquella encina la iglesia-santuario de Nuestra Señora de Mirabueno, núcleo al que se ha ido sumando todo lo demás.
La otra teoría, quizá menos romántica, pero del todo razonable, es que no era posible otro nombre siendo tan bellas las vistas de este pueblo, un balcón inigualable al valle del río Henares, del río Dulce y a la Sierra Norte, coronada por el Ocejón.
Las fiestas nos invitan a centrarnos en el presente, que así es como las disfrutamos, pero os invito por un segundo a mirar al pasado para apreciar todavía más nuestro presente, porque no he podido evitar maravillarme ante la importancia de Mirabueno para la historia de España.
Uno puede no pensarlo por estar más a las cosas del día a día, pero estas tierras en las que vivís son increíblemente importantes. ¿Por qué? Porque, como se diría hoy, tienen un enorme valor geopolítico: en ellas se encuentran las dos mesetas, los antiguos reinos de Aragón y Castilla, el Levante y las sierras ibéricas, así como las cuencas del Tajo y del Ebro. Todos esos factores han hecho que la provincia de Guadalajara en general, y Mirabueno en particular, escriba importantes renglones de la historia de España.
Si Donald Trump puede decir que los británicos hablan inglés en lugar de alemán gracias a los Estados Unidos, que les salvó de una invasión de Hitler; entonces podemos afirmar nosotros también que hoy hablamos español en España, en lugar de francés, gracias en parte a Mirabueno, que fue clave en la derrota de Napoleón.
Hoy es 15 de mayo y estamos a punto de empezar las fiestas, pero el 14 de marzo de 1810, hace más de 200 años, avanzaba un convoy francés desde Sigüenza hacia Guadalajara. Llevaban cientos de mulas cargadas de grano… y escolta de caballería e infantería. Todo iba bien… ¡hasta que llegaron a Mirabueno!
Allí los sorprendió, ayudado por vecinos de este pueblo, una figura que aparece en todos los libros de historia de España: el Empecinado. Este líder guerrillero, a quien Galdós describió como “un Hércules de estatura poco más que mediana” (imagino que como vuestro alcalde, o como cualquiera de vosotros); este líder guerrillero, decía, henchido de valor y sediento de libertad, desbarató en las cuestas de este pueblo, que bien sabéis que no son pocas, los planes de Napoleón.
Uno de los imperios más poderosos de la historia salió escaldado de las cuestas de Mirabueno. Recordadlo cuando os cueste subirlas, porque gracias a ellas hablamos español. Gracias a vuestras cuestas y a vuestro valor, España es libre.
El Empecinado llegaría a ser más adelante Mariscal de Campo y Comandante General de todo el ejército de las dos Castillas, pero no me cabe duda de que, fuera adonde fuera, guardaría siempre un buen recuerdo de Mirabueno en su corazón, como cualquiera que venga, menos aquellos franceses.
Pero no va este pregón de meternos con ellos, aunque tampoco le disgustaría demasiado a mi amigo Iván. Solo quiero poner en valor otra gran virtud de este pueblo antes de iniciar las fiestas. Una virtud también representa precisamente mi amigo Iván, que es de Argecilla, porque la Romería de la Virgen de Mirabueno trasciende los límites del propio pueblo, es una invitación a tender puentes con otros municipios vecinos. Cuentan las crónicas, de hecho, que llegaron a asistir en el pasado delegaciones de más de 40 pueblos. ¿Por qué les invitabais? ¿Por qué venían? Porque todos supisteis ver que lo que os une es mucho más de lo que os separa.
Estoy seguro de que ha habido y sigue habiendo piques con otros pueblos. Nada ilustra mejor los tiempos difíciles que las trincheras de la Guerra Civil, que se pueden encontrar todavía en las proximidades de Mirabueno. De hecho, la propia Romería llegó incluso a caer algo en el olvido hasta ser felizmente recuperada en los años noventa. Desapareció, en definitiva, varias veces la paloma, pero, como en el origen mítico de vuestro pueblo, habéis sabido volver cada vez a la encina, donde la hallasteis de nuevo.
Eso, y tantas otras cosas, celebramos en estas fiestas. Ojalá en el futuro se nos recuerde con la misma sonrisa con la que hoy pensamos en todas esas generaciones que vosotros conocéis, en esos abuelos, abuelas, padres, madres… que hicieron de Mirabueno el lugar del que hoy podemos sentirnos tan orgullosos, pero ahora volvamos al presente y vivámoslo como se merece.
¡Viva Mirabueno!
¡Viva Nuestra Señora de Mirabueno!
¡Y que tengáis unas muy felices fiestas!»
Deja una respuesta