Sin respeto por el rival, la política se vuelve guerra; y la democracia, imposible. Pero es que puede haber incluso cariño además de respeto: yo a Gonzalo Martínez Rodríguez (@gonzalomr_13) lo conozco desde hace media vida, desde antes de entrar en política: aprendimos juntos inglés, y es una bellísima persona, además de sobradamente inteligente y profundamente divertido.
Diferiremos en muchas ideas, que ni mucho menos en todas, pero qué tendrá que ver eso con la buena relación que pueda yo tener con él.
Decía Martin Luther King que «debemos aprender a vivir juntos como hermanos o pereceremos juntos como necios». Pues aquí, y en muchos casos, ese deber moral es un impulso reflejo, un instinto natural.
El reto es que sepamos ver y priorizar a la persona incluso cuando no hay afinidad personal. Esa política hace mejor España en sí misma, y todos la podemos aplicar.
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